Fui al súper con un nutricionista y descubrí que estoy comiendo basura

Concluí que estoy comiendo, sin saberlo, azúcar, sal y grasas saturadas por un tubo, ocultas tras productos aparentemente saludables. El puré de verduras envasado es uno de ellos.

En España crece rápidamente el número de vegetarianos y veganos y también el de establecimientos especializados en ese tipo de dietas. Que sean muchos o pocos, dependerá más bien de con qué país nos comparemos, pero lo realmente significativo es que buena parte de estos negocios se han abierto en los últimos cinco años, en plena crisis, tiempo durante el cual los restaurantes ‘verdes’ han aumentado un 94% en nuestro país.

La fiebre healthy, ecosostenible y respetuosa con los animales no ha hecho más que empezar, y el boom de establecimientos con etiquetas como bio, orgánico, vegano o Km 0 no hace más que recordarnos todo lo que estamos haciendo mal en materia de alimentación. Llevar una dieta equilibrada es complicado comiendo fuera de casa incluso con todas estas nuevas opciones, pero en casa no hay excusa. Nos vamos a hacer la compra con Álvaro Sánchez, nutricionista de la clínica Medica Diet, para aprender a hacer una lista de la compra más saludable, y saber un poco más acerca de esos aditivos que se esconden tras algunas comidas aparentemente saludables que suelen formar parte de nuestra cesta de la compra.

 Puré de verduras precocinado: el mal

Estás en el súper, quieres cenar sano pero no tienes tiempo para cocinar y dices ‘oye, pues me llevo una cremita de verduras que es fácil y saludable’. Pues no. “Si miras la composición descubrirás que tiene la misma cantidad de grasas que de hidratos, demasiada, y también azúcar añadido, aunque sea poco”, explica Álvaro Sánchez.

“Un plato de verdura ha de tener la misma cantidad de hidratos que una rebanada de pan, no más. Encima la mitad de las grasas de este producto son saturadas. ¿Qué hace un plato que se supone que es vegetal con grasas animales? Y con el azúcar lo mismo. ¿Por qué lleva 5 g de azúcar (el equivalente a una cucharada pequeña) un producto que no lo necesita?”. El gran problema de comprar alimentos precocinados es, en líneas generales, el exceso de azúcar añadido. Algo que evitamos preparando en casa este mismo puré con verduras frescas. Que tampoco cuesta tanto.

Fruta y verdura eco, por un mundo mejor

Las frutas del súper mejor dejarlas donde están. Foto de Christyan de Lima, vía Flickr

Las frutas del súper mejor dejarlas donde están. Foto de Christyan de Lima, vía Flickr

Vale, compramos la fruta y la verdura y nos vamos a casa a hacernos el puré y así nos curamos en salud. Pues tampoco. “No es lo mismo comprar fruta y verdura en el súper de la esquina que en un establecimiento o una cooperativa ecológica. La fruta o verdura eco aporta más vitaminas minerales. Sin hablar de que comprar productos locales también evita la contaminación ambiental, contribuye a contrarrestar el cambio climático y fomenta la sostenibilidad”. Tendemos a pensar que los recursos del planeta Tierra durarán eternamente o que al menos nosotros no viviremos un final a lo Emmerich pero son cosas que deberíamos empezar a tener muy en cuenta.

Además de contribuir a la sostenibilidad de la agricultura y el comercio justo, para ganar valor nutricional el alimento tiene que ser de temporada y no contener pesticidas ni químicos. De ahí que sea tan importante conocer el origen de frutas y verduras. “Hay diferencias en el precio, por supuesto, pero no son una barbaridad y además estamos hablando de salud. El problema real es la comodidad, la falta de costumbre y la desinformación. Es más sencillo comprar donde primero veas cuando sales de trabajar, para conseguir alimentos ecológicos hay que mirar más y buscar en Internet… Y a veces descubres que puede ser incluso más fácil porque te lo pueden traer a casa y la comida te dura toda la semana sin problema”.

La cantidad en este apartado es importante. “Lo de consumir cinco piezas de fruta y verdura al día no es un mito. Lo ideal son 2 de verdura y 3 de fruta, como mínimo. Y no es tan complicado de hacer si la guarnición es verdura en comida y cena y comemos fruta entre horas. Si buscamos que los alimentos tengan vitaminas y fibra, sin azúcares añadidos, esta es la manera más sencilla de seguir una dieta equilibrada”, sentencia el experto.

El pescado, solo si viene del mar

Si viene de una piscifactoría, este salmón no va a tener nada de Omega 3. Mejor asegurarse. Imagen de David Pursehouse, vía Flickr.

Si viene de una piscifactoría, este salmón no va a tener nada de Omega 3. Mejor asegurarse. Imagen de David Pursehouse, vía Flickr.

Que sí, que hay que consumir productos frescos y ecológicos y meter más cuchara en nuestra dieta, pero a veces el ritmo de vida no da para eso y tiramos de congelados. “Los alimentos congelados pierden vitaminas, minerales y valor nutricional. Pero en el caso del pescado no está mal, porque congelando acabamos con los parásitos. Un truco para equilibrar la balanza es optar por congelado en una comida y en otra por fresco”. El gran problema aquí tiene nombre propio: piscifactorías.

“Los nutricionistas recomendamos el pescado por el Omega 3 que reduce el riesgo cardiovascular, la patología más común en occidente. Sin embargo ahora hay una guerra muy grande por la calidad de los pescados. Tú te comes un pescado de piscifactoría que ha sido alimentado con piensos y la grasa que produce es de una determinada manera. El salmón, por ejemplo, que es un pescado azul que tiene grasas muy saludables de las cuales muchas son Omega 3, ha bajado muchísimo en calidad por la producción en piscifactorías”.

Jamón cocido ‘low cost’ no, por favor

La cantidad de proteína que comemos es mucho mayor de la que necesitamos. Gran parte viene de las lonchas de pavo, el jamón de York y estas cosas ligeritas que comemos prácticamente a diario porque son sencillas y creemos que muy sanas. Creemos. “Por 100 gramos de jamón cocido nos llevamos 1 gramo y medio de hidrato de carbono, que no es nada, pero no debería estar ahí. No es jamón, es algo que se ha añadido. La calidad de la proteína también varía bastante en los texturizados. Para eso, es mejor comprar un pollo”.

Carne

No es tanto que no comamos carne como que no comamos tanta. “En la dieta saludable que estamos comentando lo suyo es consumir carne sólo una o dos veces por semana. A mis pacientes de Medica Diet les insisto mucho: más verdura y más cuchara. En cuanto a las calidades de las carnes, siempre serán peor las procesadas por el azúcar añadido”. Es mucho mejor comer legumbres, por supuesto. “La legumbre siempre va a ser legumbre, no tiene azúcares añadidos ni nada parecido”. Y eso, teniendo en cuenta el panorama, es de agradecer.

¿De verdad aún desayunas cereales?

En el top de productos engañosos están los cereales de desayuno, azúcar por un tubo que se disfraza de comida saludable.

Álvaro declara ser muy nazi con el tema del azúcar. “Se recomiendan 10 g de azúcar añadido al día. Una cucharada sopera. Los productos que hemos visto hasta ahora ya tienen más, sin contar la que echamos al café, la que llevan los refrescos, etc”. Pero si no hay que tomar azúcar, ¿cómo damos sabor a las comidas? “No lo hacemos”, concluye el nutricionista.

“Tenemos que acostumbrarnos a tomar los alimentos y los platos tal cual son. Blanco o moreno, sigue siendo sacarosa y es mejor evitarlo. Esto nos cuesta porque estamos hechos al sabor dulce y no al original de los alimentos”. En cuanto a la sacarina, la Stevia y otros edulcorantes, asegura que en pocas cantidades no son dañinos, “aunque sí se ha demostrado que el exceso aumenta el riesgo de diabetes”.

Sal

Unas simples angulas superan el porcentaje diario recomendado de sal. Y así con muchos productos.

Unas simples angulas superan el porcentaje diario recomendado de sal. Y así con muchos productos.

Con la sal pasa algo parecido. Es otra de las cosas que debemos tener en cuenta en el etiquetado de un alimento. De hecho forma parte de la Santísima Trinidad de productos cuya presencia debemos mantener a raya en nuestra dieta, y por lo tanto nada mejor que controlar siempre los etiquetados. Grasas saturadas (que aumentan el riesgo cardiovascular), azúcares añadidos (ya nos ha quedado claro) y, en tercer lugar, la sal, oculta en numerosos productos que estamos consumiendo creyendo que son saludables.

El límite son 2 g al día. Un pellizquito. Y la recomendación del nutricionista es la misma que con el azúcar, pues la sal es otro potenciador de sabor innecesario: “No eches nada. Acostúmbrate al sabor de real de los alimentos. Si proporcionalmente comes bien, aunque sean productos convencionales, no es necesario que seas tan radical, pero si uno no se fija un poco probablemente esté haciendo un exceso, porque ya hemos visto que todo tiene azúcar y sal añadida en mayor o menor cantidad”. ¿Un ejemplo? Mirad la etiqueta de unas angulas envasadas.

Leche

Seguimos en el supermercado y nos paramos delante de la leche. Tras echar un vistazo decidimos llevarnos la desnatada que es más sana… ¿no? “En lugar de abusar tanto de lo desnatado, es mejor tomar leche normal que tiene grasa saturada y vitamina D, pero en menor cantidad. Un vaso en lugar de tres”.

Pan de molde

Mejor pan de barra y de cereales. El de molde también tiene grasa y azúcar añadido, aunque sea poco. “La diferencia está en lo que te sacia. Una rebanada de pan de molde sacia menos que una de pan normal incluso si ambas tienen el mismo aporte de hidratos, porque la glucosa dura menos en sangre y eso hace que a la media hora tengas hambre. Con una rebanada de pan normal, no de molde, evitas esos picos de ansiedad. Y si es integral, además ganas la fibra de toda la cáscara del cereal”, concluye el nutricionista de Medica Diet.

Otro tema es el impacto que estas nuevas maneras de comer, de trabajo colaborativo, de reinterpretar la manera de gastar el dinero y de dialogar con el medio natural tendrán en un futuro próximo. ¿Qué pasaría si todo el mundo se hiciera vegano? Según estudios recientes, ahorraríamos 735 miles de millones de dólares en sanidad pública si simplemente siguiéramos una dieta sana, 973 mil millones si todos fuéramos vegetarianos y más de 3 trillones de dólares si fuéramos veganos. Dentro de cuarenta años la gran mayoría de la población mundial se volverá vegetariana debido al aumento demográfico y a la escasez del agua.

 Fuente: Infobae

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