La mujer que se ha convertido de repente en la más rica del mundo

Su patrimonio ronda los 36.800 millones de euros. Sin embargo, es poco probable que uno se la encuentre en una de las reuniones de la élite global, salvo que sea un acto relacionado con alguna organización benéfica. El perfil de Françoise Bettencourt Mayers, la flamante mujer más rica del mundo, es bajo. Quizá aún más que el de otros multimillonarios emergentes, como Amancio Ortega, dueño de Inditex. En su caso, porque la brutal cantidad de dinero de la que dispone es la herencia que su madre, Liliane Bettencourt, dejó hace apenas un par de semanas, después de fallecer a los 95 años.

Así que puede ser que la mente de la mujer de la que dependen los designios de uno de los grandes imperios del mundo, L’Oréal –y, por extensión, de los de otros tantos miles de trabajadores–, esté puesta más bien en la Biblia, en la mitología griega o en afinar sus dotes al piano, una labor a la que dedica varias horas al día, que en influir en la política de la compañía. O en el ‘jogging’, una de sus grandes aficiones y que suele practicar en el parisino Bois de Boulogne. Donde es menos probable que la veamos, al contrario de lo que ocurría con su progenitora, célebre por haber dirigido con mano de hierro y cabeza despejada el imperio L’Oréal durante décadas, es en la junta de accionistas de la mayor compañía de cosméticos del mundo.

La firma ha pasado de generación en generación desde su fundación por el químico Eugène Schueller en 1907. Este hijo de un panadero alsaciano desarrolló en 1904 una fórmula para teñir el pelo de manera inofensiva. El crecimiento de la compañía fue meteórico, y en 1920 había conseguido extender su imperio a 17 países. Fue en esa misma época cuando tuvo a su única hija, Liliane, producto de su relación con Louise Madeleine Berthe Doncieux. Esta murió cuando Liliane tenía apenas cinco años, por lo que Eugène fue el único responsable de su educación, que tenía como objetivo convertirla en la cabeza pensante del negocio de su padre. Con apenas quince años, ya entró en el engranaje de la firma.

La biografía de Françoise Bettencourt-Meyers es un tanto diferente. Está casada con Jean-Pierre Meyers, el nieto de un rabino que murió en Auschwitz: paradójicamente, su abuelo Eugène fue acusado de colaboración con los nazis y con la extrema derecha francesa de Eugène Deloncle a través de la conocida como La Cagoule (el Comité Secreto de Acción Revolucionaria, CSAR). Los hijos del matrimonio Bettencurt-Myers han sido criados en la fe judía aunque los Bettencourt eran católicos, y el trabajo académico de la heredera se centra en dicha tradición. Curiosamente, este mismo año ha publicado junto a Bruno Frachet ‘L’audition por les nuls’, un libro sobre los problemas de audición y la sordera que intenta acabar con todos los tabús sobre la enfermedad.

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Guerra en el corazón del imperio

Este aparente desinterés de Françoise –o, mejor dicho, delegación– por los tejemanejes de la alta empresa no impidió que hace una década tuviese que enfrentarse a su madre en los tribunales para evitar que esta dilapidase la fortuna familiar. En 2008 denunció al fotógrafo francés François-Marie Banier por aprovecharse de la “inestabilidad” de su madre. El artista conocía a Liliane desde finales de los años ochenta, y con el paso de los años, se convirtió en un amigo especial hasta el punto de recibir cuantiosos regalos que, según los cálculos de la familia Bettencourt, podían rondar los mil millones de dólares, incluyendo seguros de vida que rondaban los 250 millones u obras de arte de Picasso, Man Ray o Matisse.

El proceso fue largo y arduo para la familia. Entre la denuncia de Françoise, en diciembre de 2007, y el arreglo final, este mismo año, ha pasado casi una década. Aunque Banier fue condenado a tres años de cárcel y a una multa de 250.000 dólares junto a un reembolso de 15 millones, finalmente consiguió reducir el montante a una multa de 375.000 dólares y cuatro años en libertad condicional. El enfrentamiento, no obstante, dejó una profunda herida en la familia Bettencourt. Como ha declarado Tom Sancton, autor del recién publicado ‘The Bettencourt Affair: the World’s Richest Woman and the Scandal that Rocked Paris’ (Penguin Putnam) a ‘Bloomberg’, “la muerte de Liliane probablemente será un alivio personal para Françoise”.

El desencuentro entre madre e hija también abrió las puertas a lo que se conoce como el “caso Bettencourt”, el escándalo político que llegó a salpicar a Nicolas Sarzoky y según el cual la responsable del imperio L’Oreal había entregado a Eric Woerth, ministro de Economía y de Trabajo, una gran cantidad de dinero para evitar pagar impuestos. Liliane Bettencourt pasó sus últimos años bajo tutela de un familiar a causa del deterioro cognitivo que sufría, y en espera de que su cultivada hija tomase los mandos de la compañía.

Un posible movimiento sísmico empresarial

El cambio de manos de la empresa supone el desatasque de una situación que se encontraba encallada desde hace años, y en la que se dirime el futuro mismo de la compañía. La gran pregunta es qué va a pasar con L’Oréal, en concreto en su relación con Nestlé, el otro gigante que es el segundo mayor accionista de la compañía (con un 23%), por detrás de la familia Bettencourt (con un 33%). La relación entre ambas se remonta a mediados de los años 70, cuando la amenaza de expropiación de François Miterrand le obligó a buscar aliados internacionales.

Durante los últimos años ha habido ruido de sables que apuntaban a la posibilidad de que uno de los dos decidiese vender su parte. Sin embargo, como recuerda ‘Bloomberg’, aunque hay muchos escenarios posibles –que podrían suponer un sensible cambio de fuerzas en el marco internacional–, lo más probable es que la situación no cambie demasiado. Al menos, es lo que dejó entrever el comunicado de Bettencourt-Meyers, en el que reiteraba “su compromiso y lealtad a L’Oréal y a su presidente Jean-Paul Agon, y sus equipos en todo el mundo”. Es más probable, como sugiere ‘Bloomberg’, que Nestlé venda su parte de L’Oréal que lo contrario.

En la propia página de Nestlé puede leerse que la relación ha sido beneficiosa para ambos, especialmente en “el significativo incremento en el valor de sus inversiones a largo plazo”; es decir, desde que apostase por ella hace más de 40 años. El pacto firmado por la compañía y la familia Bettencourt señalaba que ninguno de los dos podían aumentar su participación en la firma hasta que pasasen seis meses desde la muerte de Liliane. Es decir, no habrá ningún movimiento en ese sentido al menos hasta finales de marzo de 2018. Un período más que suficiente para que se lleven a cabo diversos movimientos.

En ‘The Bettencourt Affair’, una de sus amigas define a la nueva mujer más rica del mundo como una “austera monja carmelita”. “Es una pesada”, dijo su madre de ella durante el juicio. Según el volumen, esta nunca se sintió amada por ella. No obstante, su llegada al trono L’Oréal dice mucho de cómo el poder y el dinero cambia de manos en los grandes imperios: a medida que aquellos que los erigieron y protegieron desaparecen, y van a parar a sus descendientes, criados para perseguir sus vocaciones, es muy probable que el único destino que les espere sea o la venta o consolidar su poder muy lejos de la toma de decisiones. O, como puede ocurrir en este caso, que sean los nietos de Liliane, Jean-Victor y Nicolas, quienes de verdad se interesen por la firma.

Fuente: El Confidencial

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