El mayor golpe a la lotería: cómo un hombre la truqueó y ganó millones durante años

Se trata del director de seguridad de información, Eddie Tipton, un tipo rollizo y conservador, aficionado a juegos de rol como ‘Dragones y mazmorras’, y uno de sus compañeros, el contable Gene Schaller, un contable de la Asociación. Fue entonces cuando Tipton empezó a plantearse por primera vez la posibilidad de ‘hackear’ la lotería en la que trabajaba sin que nadie se enterase. No era una cuestión de dinero (aunque la cifra de ganancias oscila entre los 24 y los 31 millones), sino un reto, como manifestó una década después, tras haber sido detenido.

‘Flash-forward’ a enero de 2015, cuando Tipton finalmente es arrestado por fraude. El juicio fue ventilado rápidamente: era tan difícil saber qué había hecho que tuvieron que despacharlo como un simple caso de fraude. En julio de ese año, el ingeniero fue sentenciado a 10 años de cárcel. Estaba claro que tenía que ser más que una coincidencia que el director de seguridad de la lotería, el hombre que tenía acceso al código de las máquinas que seleccionaban los ganadores fuese el mismo que había comprado un boleto con la combinación ganadora de uno de los mayores botes de la historia de dicho juego… antes de entregárselo a uno de sus amigos. Lo que no quedaba tan claro es de qué manera había conseguido acertar la combinación ganadora. Podían tener al culpable, del que hablaban todos los medios, pero sus métodos parecían desconocidos.

La investigación que se puso en marcha durante los meses siguientes, y que acaba de ser recogida en un reportaje de ‘The New York Times‘, desveló poco a poco lo que algunos han considerado como “el mayor timo en la historia de la lotería”. No se trataba tan solo de que Tipton hubiese pegado un gran golpe, sino que creó una trama de amistades y colegas que, poco a poco, fueron montando sin saberlo una red que abarcaba cinco estados diferentes. Un esquema fraudulento en el que participaron amigos, abogados, potenciales novias y familiares, y que sin embargo, no tenía como objetivo el enriquecimiento del corrupto trabajador. Más bien, como él mismo defendió, se trataba de un reto intelectual: apenas se embolsó 350.000 dólares. El resto se lo quedaron sus compinches, que como él mismo explicaba, necesitaban el dinero más que él.

 

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Fuente: El Confidencial

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