¿Qué pasaría en Corea del Norte si Kim Jong-un muere sin un heredero?

0
92

Cuando hablamos de un país tan opaco como Corea del Norte hay que andarse con pies de plomo: el régimen norcoreano, que se considera a sí mismo la auténtica Corea, la heredera del decimonónico Reino Ermitaño, ha hecho de la autosuficiencia uno de sus pilares, lo que en la práctica se traduce en un aislamiento que hace que sea muy difícil obtener información fiable. De modo que las informaciones sobre el delicado estado de salud de Kim Jong-un hay que tomarlos con cautela. Pero sean ciertos o no, nos recuerdan que, pese a su juventud y a lo que diga la propaganda norcoreana, también él, el Líder Supremo, es mortal. No solo eso, sino que no ha nombrado a ningún sucesor. ¿Qué pasa si fallece?

Vayamos primero a los hechos. Las especulaciones se han desatado a raíz de un artículo aparecido en la publicación Daily NK, elaborado por desertores norcoreanos en Seúl, que afirmaba que el motivo por el que Kim no pudo asistir a las ceremonias del 15 de abril, el cumpleaños de su abuelo y fundador de la dinastía Kim Il Sung, era porque se había sometido a una cirugía cardiovascular tres días antes en un hospital al norte de la provincial de Pyongyang. La incertidumbre creció después de que CNN, tras acudir a sus propias fuentes, confirmase que los servicios de inteligencia estadounidenses están monitorizando la situación. De acuerdo con este artículo, la vida de Kim podría estar “en grave peligro” tras la operación.

© Proporcionado por El Confidencial

Hay varios elementos que inducen al escepticismo. El primero, que el propio Daily NK afirma que Kim Jong-un “continúa recuperándose del procedimiento en una villa a las afueras de Pyongyang”, y que “la mayoría de los doctores regresaron a Pyongyang después de que la condición de Kim fuese considerada estable”. No habría, pues, riesgo inminente de fallecimiento. En segundo lugar, y tal vez más importante, los vecinos de Corea del Norte están tranquilos. El portavoz de la oficina presidencial de Corea del Sur, Kang Min Seok, ha dicho que “hasta el momento no se han detectado signos inusuales dentro de Corea del Norte”. Una fuente del Departamento de Enlace Internacional, el órgano del Partido Comunista de China encargado de los asuntos norcoreanos, también ha declarado a la agencia Reuters que no se cree que Kim esté en estado crítico.

Por último, hay que recordar que los rumores infundados sobre enfermedades de los líderes norcoreanos han sido una constante desde el establecimiento de la República Popular Democrática de Corea en 1948. Durante años se dijo que Kim Il Sung tenía un tumor cerebral debido a un extraño bulto en su cabeza, que en realidad se debía a la malnutrición durante su infancia. En 2014, el propio Kim Jong-un desapareció durante un mes y medio para reaparecer cojeando, sin que se aclarase nunca qué dolencia había padecido (algunos expertos creen que podría sufrir intensos ataques de gota, aunque la inteligencia surcoreana lo atribuyó a un quiste en el pie).

Dicho esto, los problemas cardíacos parecen ser una cosa de familia: su padre, Kim Jong-il, falleció de un ataque al corazón en 2011. Y tanto China como Corea del Sur podrían tener interés en mantener la calma ante un escenario para el que nadie está preparado, y ahora menos que nunca.

Sin una sucesión clara

El principal problema es que Corea del Norte nunca ha tenido ningún presidente que no perteneciese a la rama masculina de la familia Kim. El matrimonio Kim no tiene hijos varones, e incluso en el improbable caso que la conservadora sociedad norcoreana aceptase ser liderada por una mujer, su única hija, Kim Ju-ae, tiene apenas 7 años. Si algún poder extranjero esperaba poder jugar la baza de su medio hermano Kim Jong-nam, la única opción relativamente realista de una sucesión dinástica, vio sus esperanzas truncadas por su truculento envenenamiento en el aeropuerto de Kuala Lumpur. Tras la muerte de Kim Jong-il, todos los análisis se centraron en hasta qué punto su heredero sería capaz de mantenerse en el poder, pero nadie dudaba de dicha transferencia de mando. La desaparición de Kim Jong-un, por causas naturales o por otro motivo, plantea una incógnita totalmente diferente.

© Proporcionado por El Confidencial

O tal vez no tanto. En 2009, ante el evidente deterioro de salud del entonces regente Kim Jong-il y sin que todavía se hubiese perfilado la sucesión, el Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU (CFR) preparó un informe especial sobre “Preparativos para un cambio súbito en Corea del Norte”. En él, abordaban la cuestión de la desaparición del líder. Entre los escenarios que dibujaba se encontraban los siguientes: una sucesión dirigida con éxito (la opción que se impuso finalmente, como sabemos), otra que fuese cuestionada por algunos elementos clave del régimen y generase una lucha de poder y una que acabase en fracaso. Casi seguro la misma situación que se presentaría hoy día.

El investigador de la Institución Hoover Paul R. Gregory, uno de los académicos que ha reflexionado públicamente sobre qué ocurrirá en una Corea del Norte tras Kim, considera que el escenario más probable es algún tipo de liderazgo compartido por la cúpula del Partido de los Trabajadores de Corea, tal vez encabezado por un ‘primus inter pares’, al estilo de la vecina China.

Kim Jong-un. © Proporcionado por El Confidencial Kim Jong-un. Kim Jong-un.

“Paralelismos históricos con la URSS y China, opino, sugieren que a Kim le seguirá una forma más suave de gobierno colectivo”, escribe Gregory en la revista Forbes, quien asegura que “el comportamiento de los círculos de poder soviéticos y chinos tras las muertes de Stalin y Mao (…) sugiere que un cambio de régimen en Corea del Norte no auparía a un líder peor sino que iniciaría un movimiento hacia un liderazgo colectivo menos beligerante”. Un vacío de poder, sería un escenario muy peligroso para Corea del Norte, por lo que el resultado más probable es que los máximos responsables del régimen traten de actuar rápido para coparlo.

Pero, ¿y si no se llega a un acuerdo en la cúpula? “Esto podría tentar a ciertos individuos o facciones a hacerse con el poder, lo que resultaría en una lucha potencialmente disruptiva e incluso violenta por el liderazgo. Cuál podría ser el resultado y qué rumbo podría tomar Corea del Norte en consecuencia es imposible de predecir, pero una competición prolongada y tal vez violenta por la supremacía en Pyongyang sin duda generaría una tensión enorme en el resto del país, dado el grado en el que el estado es controlado desde el centro”, indica el informe del CFR.

© Proporcionado por El Confidencial

Cualquier cataclismo político interno que bloquease los servicios básicos en Corea del Norte, donde todavía está reciente el recuerdo de la hambruna de los años 90, generaría una oleada de refugiados tanto hacia China como hacia Corea del Sur. Y ahí la inestabilidad sería todavía mayor: la amenaza de una intervención surcoreana o estadounidense en el norte podría incluso llevar a Pekín a anticiparse y ocupar militarmente Corea del Norte.

“La perspectiva de que Corea del Norte sea absorbida por Corea del Sur y de que fuerzas estadounidenses sean desplegadas en la frontera nordeste de China son asuntos de gran preocupación [para Pekín]. Los mismos miedos ayudaron a provocar la entrada de China en la Guerra de Corea”, sostiene el CFR. “Moscú sin duda comparte las preocupaciones de Pekín, pero Rusia parece menos predispuesta a intervenir si la situación se deteriora”, añade el documento. La situación, en ese caso, sería la de una gran crisis internacional.


LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here